dijous, 27 de desembre de 2007

ANY NOU

ANY NOU

Un altre any... comença el 2008 i no m'ho puc creure...

No és pas cap frase feta allò de "si sembla que fos ahir..."

Recordo les discussions (ep! he dit discussions, que no baralles, que no té res a veure... ni s'assembla) amb el meu pare sobre si el segle XXI començava el 2000 o el 2001... i ja han passat vuit anys?

Papà... t'estimo molt però tenia raó jo, eh?

Recordo quan una companya de despatx es va entossudir a apagar la nevereta que tenim allí durant la nit de cap d'any, per si el "efecte 2000" se la carregava... A mi em feia gràcia pensar que algú pogués creure que una nevera es faria malbé en canviar un any... però el cert és que ella ho tenia claríssim...



També un venedor d'una empresa informàtica, molt avispat ell, ens volia fer creure que tots els ordinadors del despatx estarien espatllats quan els engeguéssim el dia 2 de gener de 2000... Això no era de tan fàcil solució com desendollar la nevereta i, a més, no semblava tan ridícul... tot i que jo no ho veia clar... quin problema podíem tenir? que als documents ens sortís la data equivocada? i què? Suprimim les dates "insertades automàticament" i les teclegem cada vegada... Nosaltres no som pas la NASA -pensava jo- i ara hem de comprar els ordinadors nous? La meva lògica i la meva butxaca protestaven... així que vaig trucar a l'Alfred i l'Alfred em va dir que als ordinadors no els passaria res.

Efectivament, el 2 de gener de 2000 la nevera va ser connectada de nou i ni es va cremar ni res estrany... a més, ningú es va quedar tancat a l'ascensor, no va explotar res i, els ordinadors funcionaven perfectament. Amb un paperet a la ma on havia anotat unes breus instruccions que ma germana m'havia passat d'una revista d'Informàtica, vaig introduir la data correcta a tots els ordinadors del despatx els quals, com si res hagués passat, van respondre com sempre... o sigui bé... i encara varen durar un parell d'anys.

I ja han passat vuit anys?

Què ràpid passa el temps...



dilluns, 24 de desembre de 2007

BON NADAL!!




- No tingueu por. Us anuncio una bona nova que portarà a tot el poble una gran alegria: avui, a la ciutat de David, us ha nascut un salvador, que és el Messies, el Senyor... (Lc 2,13)



- Glòria a Déu a dalt del cel, i a la terra pau als homes que ell estima (Lc 2,14)



- Hi anaren, doncs, de pressa i trobaren Maria i Josep amb el nen posat a la menjadora. En veure-ho, van contar el que els havien anunciat d'aquell infant. tothom qui ho sentia quedava meravellat del que deien els pastors (Lc. 2,16-17)

ALINA

Son les quatre de la matinada. Alina s'acosta a la finestra, puja al marc, respira fons i salta al buit.

Estira els braços, baixa i després, amb un moviment suau, recupera alçada, es deixa gronxar per l'aire, que la fa planar. Es feliç.

Finalment, en un gir, torna a l'habitació.

Ningú no pot conèixer el seu secret, no ho comprendrien, per això ha de volar quan tots dormen.



Son las cuatro de la madrugada. Alina se acerca a la ventana, sube al marco, respira hondo y salta al vacío.

Extiende los brazos, desciende y luego, con suave movimiento, recupera altura, se deja mecer en el aire, planea. Es feliz.

Finalmente, en un giro, regresa a la habitación.

Nadie puede conocer su secreto, no lo comprenderían, por eso debe volar cuando todos duermen
.

dissabte, 22 de desembre de 2007

JAVI PEÑA

Javi Peña era un chico bajito para su edad; acababa de cumplir los 15 pero no aparentaba más de 13: delgado, pelo oscuro siempre despeinado y ojos castaños escondidos tras unas gafas de montura sencilla.
En clase no pertenecía ni al grupo de los listos ni al pelotón de los torpes aunque si no destacaba en los estudios era por pura pereza, ya que pasaba los cursos sin esfuerzo. Las matemáticas y la informática eran su fuerte pero le fastidiaba la Historia, ¿qué interés tenía él en saber lo que había ocurrido hacía tantos tiempo?
Su mente -inteligente y ágil- se aburría muchas veces en clase y, entonces, la dejaba volar.

La profesora explicaba unos esquemas en la pizarra y él se concentró en el curioso peinado de Sara, la chica que se sentaba delante de él: era como una trenza doble, primero recogía el pelo a izquierda y derecha y luego ambas partes se unían detrás: muy original, dos trenzas que se acercaban para darse un abrazo y fundirse...
"Los monumentos funerarios..." seguía diciendo la maestra...

Javi miró el reloj con el rabillo del ojo ¡aún quedaban veintiocho minutos! disimuló un bostezo y oyó "en la página 35 del libro..." pasó las hojas para quedar bien y, al ver la imagen, se le ocurrió la idea.


Cuando terminó la jornada escolar se fue directo a casa. No había nadie y sus padres no llegarían hasta pasadas las ocho y media. Entró en la cocina, cogió un zumo y galletas y subió como un rayo a su habitación, conectó el ordenador y empezó el trabajo.

Escaneó la foto de la página 35 -los restos de un esqueleto de unos 5000 años de antigüedad- luego le dio la vuelta a la imagen y pegó ambas... ¡la trenza de Sara!... Con el Photoshop le dio varios retoques y observó su obra. La verdad es que le había quedado perfecto: parecían dos esqueletos abrazados, como si les hubieran enterrado así. "Si lo viera la profe" -pensó.



Se separó un poco de la pantalla y, mientras comía la última galleta, una idea aún mejor acudió a su mente... ¡Colgar la noticia de ese extraño descubrimiento en Internet! ¡Hay gente que se cree todo lo que sale en la red!
A través de Google buscó noticias de excavaciones arqueológicas, copió, cortó, pegó, elaboró algo totalmente creíble y lo subió a diversas páginas de noticias. No fue muy difícil. ¡Seguro que enseguida aparecerían muchísimas teorías acerca de tan insólito hallazgo!

Y no se equivocó: motivaciones de todo tipo se comentaban en distintos foros, ideas románticas, rituales, crueles... ¡hasta dicen que un grupo convocó un concurso de relatos sobre el tema!

dimecres, 19 de desembre de 2007

CUENTO DE NAVIDAD

Os voy a explicar la historia de cómo, cuando era pequeño, me convertí en figurita de Belén.

Cuando lo conté entonces, nadie me creyó y supongo que ahora tampoco me vais a tomar en serio pero, ¿sabéis qué? Pues que, en el fondo, me da igual. Tenía 8 años y lo que viví fue tan increíble que quería gritarlo a los cuatro vientos, que todos lo supieran... Pero los sesudos adultos me daban palmaditas en la espalda, se reían y decían “qué imaginación tiene este niño”.

A fuerza de insistir, lo único que logré fue sorprender una conversación nocturna de mis padres en la que expresaban su inquietud por mis obsesiones. Así fue como, de un día para otro, decidí callar. Todos pensaron que me había aburrido de contar la misma fantasía y, en pocas semanas, se habían olvidado de ello. Yo no. Nunca se me irá de la mente ni del corazón.

El miércoles pasado vino Raúl, mi nieto menor, tiene siete años. Apareció contento, dispuesto a ayudarme a montar el Pesebre... Ese muchachito es el que más se parece a mi; disfruta con ello. Sacamos las cajas del altillo, las bolsas de plástico con las montañas de corcho... Pusimos la vieja tela de saco encima de la mesa. Éramos dos buenos amigos trabajando en equipo. Raúl sugería colocar la cueva más a la izquierda, para que quedase distinto del que hicimos año anterior, e iba desenvolviendo, una por una, con todo cariño, las distintas figuritas que, con la mayor delicadeza, había guardado hacía once meses: la Virgen, el ángel, un pastor...




Entonces decidí contarle la historia a mi nieto:

- Raúl, ¿descansamos un rato?, ¿quieres merendar?
- Vale, colocamos esta montaña y merendamos.

Preparé dos tazones de leche con cacao –yo no puedo abusar, pero un día es un día- y unas rebanadas de pan con jamón y queso.

- Raúl, ¿te puedo contar una cosa?
- Claro, abuelo, ¿es una historia?
- Es algo que me sucedió a mí, hace muchos años, cuando tenía aproximadamente tu edad.
- Vale, cuenta –dijo Raúl tragando rápidamente un bocado para no hablar con la boca llena.
- Lo que te voy a explicar es cierto... pero, si tu crees que es un cuento... pues... no pasa nada ¿vale? –sonreí.
- Uy, abuelo, que misterioso.


- Hace muchos años, mis padres, mis hermanas y yo vivíamos en la casa del pueblo...
- Dónde vamos en verano, ¿verdad?
- Sí. Pues allí, por Navidad, también poníamos nuestro Belén. Mis hermanas mayores lo hacían todo y a mí casi no me dejaban colaborar. Un año, cuando ellas ya lo habían puesto, yo, medio enfadado, me levanté de la cama mientras dormían decidido a mover todas las figuritas y a colocarlas a mi gusto.

- Je, je... yo le hice esto una vez a Marta –me interrumpió Raúl - sigue, sigue, abuelo.

- Pues bien... resulta que me aproximé silenciosamente a la mesita donde estaba el Nacimiento. Llevaba una vela en la mano que lo llenaba todo de sombras. Al acercar mi mano para empezar a mover pastores, escuché una voz suave que decía “cuidado”

- ¿Quién era?
- Un pastor, Raúl, un pastor del Belén.
- ¿Qué?
- Ya pensaba que no me creerías –dije
- Bueno, tu continúa –Raúl tenía el tazón de leche en la mano y la boca semiabierta. Los ojos le brillaban.

- Acerqué la vela a las figuritas y vi que se movían, que hablaban entre ellas. Me quedé medio paralizado, sin saber que hacer y, unos segundos más tarde pude murmurar “pero, ¿qué pasa aquí?”. Un pastorcillo de túnica a rayas azules que llevaba un corderito en brazos se giró y me dijo: “¿no lo sabes? ¿no has visto el ángel?”. El corazón me latía tan fuerte que creía que me iba a dar algo.

- ¡Madre mía! –exclamó Raúl, esta vez sin preocuparse por tragar, con la boca llena.

- El pastor seguía hablando “Estábamos sentados al lado del fuego cuando se nos ha aparecido un ángel... ¡Nos hemos asustado mucho! Pero él ha dicho enseguida que no tuviéramos miedo, que venía a anunciarnos una gran noticia, que en la ciudad de David ha nacido el Salvador, el Mesías... ¡qué encontraríamos al niño envuelto en pañales en un pesebre! Cuando el ángel ha dejado de hablar, otros se han unido a él con unos cánticos maravillosos diciendo Gloria a Dios que está en el cielo y en la tierra paz a los hombres a quién el Señor ama”.

Yo escuchaba al pastor embobado. Él seguía hablando “Los ángeles se han ido hace poco y ahora estábamos pensando en que lo mejor sería acercarnos a Belén, a ver qué es eso que ha pasado y que el Señor nos ha hecho saber”

Raúl me miraba, ya no respondía nada, así que continué con la explicación:

- Yo me sentía emocionado y muy feliz, como flotando, así que no se me ocurrió otra cosa que decirle al pastorcillo “dejadme ir con vosotros, por favor, por favor”. Un pastor alto y fuerte que estaba a su lado me respondió “ven” y, al instante, sentí un pequeño vértigo, cerré los ojos y, al abrirlos ¡estaba en el Belén! ¡era del tamaño de las figuritas! ¡Raúl, yo era uno de ellos! ¡Estaba allí!




Me dieron una manta algo sucia y raída, pero muy calentita y me abrigué con ella... ¡iba en pijama y zapatillas! Anduvimos un rato hasta que llegamos a nuestro destino:
¡Allí estaba! ¡Lo encontramos todo tal y como habían dicho los ángeles!... Vimos a María y a José y al pequeño Jesús en el pesebre ¡yo lo vi! ¡Estuve allí! y lloré y reí de la emoción en ese momento.
Mi corazón bailaba feliz en el pecho y sentí que me inundaba la sensación de paz más hermosa e indescriptible que se pueda imaginar. Miré a mi amigo pastorcillo y le susurré “gracias por dejarme venir” y le devolví su manta.
De repente, estaba de nuevo en la salita de la casa, con mi tamaño habitual, con la vela casi consumida. Las figuritas, inmóviles, estaban todas delante del portal. Miré el Nacimiento, le di un beso al niño y regresé a la cama.
Al día siguiente me despertaron los gritos de mi hermana “¿quién ha puesto todos los pastores juntos aquí delante? ¡seguro que ha sido Juan!”. Yo me levanté de un salto, corriendo y gritando “han sido ellos mismos, lo han hecho solos”. Mi hermana no me hacía ni caso y los estaba poniendo todos como los había dejado el día anterior. A partir de ahí, traté de explicar lo que había vivido, a la familia, a los amigos... Nadie me creyó. Todos se reían y aseguraban que lo habría soñado. Yo insistía e insistía... entonces hablaban de mi gran imaginación. Y yo, venga a repetir lo sucedido durante varios días; hasta que comprobé que mis padres empezaban a preocuparse. Entonces no lo conté nunca más. Hasta hoy, Raúl, que te lo he explicado a ti.

- Abuelo, ¿tu estás seguro de que no lo soñaste?
- Segurísimo.
- Entonces, yo te creo. Te lo prometo.


Mi nieto se acercó y me dio un gran abrazo.Por eso ahora os lo he contado a vosotros, porque si me queréis creer, bien, y si no, no me importa. Lo que me vale es que Raúl me ha creído. Tal vez cualquier noche él también pueda ir a Belén, con los pastores, a adorar al niño.